Fraçois Lópe-Ferrer director

Abono OSCyL 12 Invierno 2021 Turno 4

OSCyL

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- Sala Sinfónica
10 / 14 / 19 / 23 / 30 €

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Orquesta Sinfónica de Castilla y León

François López-Ferrer, director

Clara-Jumi Kang, violín


Carl Maria Von Weber (1786-1826)
Oberón: Obertura

Franz Liszt (1811-1886)
Los preludios, S. 97

Johannes Brahms (1833-1897)
Concierto para violín en re mayor, op. 77


Estrenado en 1878, el Concierto para violín de Brahms es uno de los imprescindibles en este museo vivo que conocemos como repertorio; de hecho, es parte de ese triunvirato de obras concertantes para violín que hoy se interpretan muy a menudo, junto con Chaikovski y Beethoven. Al componerlo, Brahms procedió como muchos autores de ópera cuando creaban tal o cual papel en función de las características de una determinada cantante. En este caso el intérprete sería Joseph Joachim, amigo del compositor desde hacía 25 años, con cuya colaboración (supuestamente estrecha) llevó a cabo el concierto. La obra fue recibida con disparidad de criterios; incluso el famosísimo violinista Pablo Sarasate se quejó de que tuviera que permanecer silencioso “mientras el oboe toca la única melodía de toda la obra”. Probablemente la solista de nuestro programa no estará de acuerdo con esta opinión, la aclamada Clara-Jumi Kang (“estilo desenfadado, virtuosismo preciso, ritmo contagioso”. Codalario, 2019, concierto con la OSCyL).

El programa incluye uno de los poemas sinfónicos más conocidos de Franz Liszt, Los preludios, ideal para que un director como François López-Ferrer aporte esos rasgos de personalidad que ya ha demostrado con la OSCyL. El contraste de Liszt con Brahms tiene mucho de estilístico, pero fue en gran medida la adscripción externa de estos autores a dos modelos artificiosos la que los sitúa en bandos contrarios. Hoy se aprecia que la magistral gradación de tensiones,  fuerza titánica y libertad estructural de Liszt son comunes denominadores en muchos compositores de su época, aunque cada uno las utilizara a su manera. Weber, el autor que abre el programa (y que lo articula), es un temprano ejemplo que demuestra que muchos caminos en teoría divergentes no solo discurren en paralelo, sino que comparten vistas.